Conference Crushing

¿Ingestión o digestión? No es lo mismo engullir mensajes que procesar ideas y datos para aprovechar sus nutrientes. El conference crushing nos introduce a algo así como el proceso de triturar una conferencia. Es decir, sacarle el máximo provecho. ¿Se ha preguntado usted si las últimas conferencias o jornadas a las que ha asistido han podido serle realmente útiles? Permítanos que respondamos por usted: creemos que no. Y, más aún, ni siquiera se lo ha planteado.

Las personas tenemos por costumbre (mal hábito) ejercer un rol pasivo (ser receptivos), creyendo que por el solo hecho de sentarnos en un confortable auditorio compartiendo espacio y tiempo con otros colegas profesionales, una especie de maná surgirá desde la mesa presidencial y estas ideas formarán parte de nuestros futuros pensamientos.

Nada más lejos de la realidad, ya que cuando la información la recibimos en esta necesaria actitud pasiva-receptiva para mantener el silencio de la sala, nuestros mecanismos cerebrales de atención están vigilantes. Pero eso no significa que nuestro cerebro esté guardando toda la información o, al menos, la más importante. Por eso, prepararnos para este tipo de eventos hará que el nivel de atención sea mucho mayor y pasemos a otro estadio de conocimiento, no solamente archivador, sino clasificador. El que nos permitirá hacer preguntas y debatir después en los espacios previstos para ello.

Vamos a situarnos en la escena. Siempre por falta de tiempo, usted asiste habiendo leído por encima el programa, sabiendo algo del o los ponentes; pero no ha investigado lo suficiente del tema ni de los conferenciantes porque no dispuso de diez minutos para entrar en una web y leer con tranquilidad algún artículo, ver una entrevista, etc.

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Digamos que para aprovechar al máximo un evento de estas características, deberá tener en cuenta tres aspectos:

  1. Qué actitud toma previamente al acto.
  2. La actitud durante el evento.
  3. Cómo mantendrá un nexo a posteriori con ponentes y personas de interés que también han asistido.

Algunas reglas útiles:

1.- Cuanto más conozca sobre los ponentes y la temática antes de asistir, mejor le irá.

Hoy día no hay excusas para no conocer qué méritos profesionales tienen los ponentes o cuál es su aportación (artículos, libros, entrevistas, etc.) al campo de conocimiento que se debatirá. Y una recomendación: siempre hay una declaración u opinión de algún conferenciante, que por destacada o porque ha provocado polémica, puede tomarla de referencia para poder interpelar al autor durante del tiempo previsto de intervenciones y preguntas del público asistente.

2.- Cómo actuar durante.

En las conversaciones preliminares que siempre se suceden minutos antes del inicio del evento hay que saber escuchar con atención, porque siempre habrá alguna persona que, a lo mejor, se tomó el trabajo que uno no se ha tomado, conoce mejor que nosotros a los ponentes y la temática. Todo depende de nuestra habilidad para saber preguntar y dejar hablar.

No hablar de nosotros, sino que los demás hablen de ellos y de lo que nos interesa escuchar: de los conferenciantes. También es importante separar el trigo de la paja cuánto antes, en referencia a esos colegas que les gusta hablar de ellos, afirmar cosas que si bien pudieran ser ciertas, suenan a exageradas. En suma: narcisismo profesional que no aporta nada.

3.- Capitalizar el encuentro a futuro.

Es poco frecuente que sepamos capitalizar este tipo de encuentros de cara al futuro, pero le explicamos el por qué. Si usted piensa que es por falta de tiempo, se equivoca. Es por mala planificación. Porque después de un día entero de jornada, coffee-breaks, comida, una serie de entrevistas personales opinando sobre lo que se está diciendo, escuchando lo que el público está comentando, etc., uno sabe perfectamente con quiénes puede mantener un contacto a futuro, porque hay intereses comunes profesionales y también académicos (querer conocer más en profundidad lo debatido).

Una forma de proceder que puede beneficiarle, es tomar notas sobre las cuestiones de más actualidad o que más preocupan al colectivo profesional asistente al acto. Entonces, entre aquellas personas que cree son más interesantes para usted (posibilidad de que pueda surgir un negocio futuro, simplemente porque le abre la puerta un alto cargo de una empresa multinacional con quién usted compartió todo el día), un buen toque de clase es enviarle un mail, con algunas reflexiones que usted crea que a esa persona le pueden interesar e, incluso, poder ponerlo en práctica en la organización de la cual forma parte.

A veces no ha tenido ocasión de plantearse la posibilidad de poner en marcha una determinada acción que justamente pertenece a un campo de conocimiento que usted domina por no tener el contacto apropiado.

La visión del conferenciante

Ser buen conferenciante es no solamente conocer la materia de la que tratar, sino manejar las técnicas básicas de hablar en público, control de grupo y, sobre todo, indagar en el fondo de las cuestiones, para garantizar que la información puesta sobre la mesa fluya triturada de manera inequívoca. Es decir, desde el conferenciante a los asistentes, pero también en sentido contrario.

Cuesta creer que la mayoría de los grandes conferenciantes no necesitarían herramientas de expresión como Power Points o similares. Esto son añadidos en temáticas muy concretas, que requieren elementos que complementen la disertación o disertaciones principales.

Quienes hayan asistido a conferencias plenarias, sean de temáticas sociales o científicas, saben perfectamente que con tres ideas bien expresadas se puede dar una clase magistral y, sobre todo, salir del acto con una clara idea de lo captado.

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Foro de Davos

En el libro La ética del hacker’, Pekka Himanen cuenta cómo preparaba in extremis determinadas conferencias. El ejemplo es llamativo del sentir de muchos expertos a quienes les resulta de escaso interés hacer una presentación formal de determinadas cuestiones. El caso de este ex hacker no es único: los conferenciantes pasan por varias etapas en su carrera profesional y divulgativa: desde modélicos analistas de la realidad (social, política, médica, científica, tecnológica…) a abstrusos genios. Sin embargo, para ser reconocido como un gran conferenciante, por el que todos pagaríamos por ver y escuchar, hay que ofrecer algo esencial, único o especial al público. Eso es lo que los hace únicos, como a los deportistas, músicos y otros destacados profesionales de élite.

La estafa del conocimiento.

Hay que tener cuidado con los charlatanes. Es muy frecuente encontrarse en internet con conferencias magistrales que, en realidad, son discursos de charlatanes.

Una manera de poner en evidencia esto, consiste en intentar sistematizar el contenido de la conferencia. La que imparta un charlatán no tendrá apenas contenido o éste estará muy difuso, inconsistente en cuestiones básicas o, pasada la conferencia, el debate es inexistente o falto de rigor.

Esto no ocurriría nunca con un conferenciante ad hoc, que, como se ha mencionado al comienzo de este artículo, deja abierta la puerta al diálogo constante, que no se molesta por las interrupciones, que interpela constantemente, que realiza un trabajo con una pizarra en blanco. Es la diferencia entre alguien (dígase charlatán) que pretende ser experto en algo y no es más que un maestro en nada. Es decir, un estafador del conocimiento.

Existe siempre otra manera más vulgar de detectar al estafador. Suele ser lo que un amanuense de antaño respecto a un verdadero escritor. Se trata de personas que aprenden ciertas técnicas (posturas, entonación, etc.) que, junto con la verborrea apropiada, dan sensación de decir algo importante, cuando realmente no dicen nada. Todo el mundo sabe que este es un arte no solamente llevado al súmmum por políticos y vendedores, sino por conferenciantes que estafan ofreciendo información insulsa, ya conocida y, sobre todo, sin criterio.

Así pues, quédense con la idea de que en una conferencia hay que ser exigente, por el bien suyo, del conocimiento general y particular y también para discriminar a quienes realmente valdría la pena seguir como expertos en una materia. De ahí que la idea inicial de trituración sea llevada no solamente al conocimiento en sí, sino al modus operandi de las conferencias.

Y si fuera usted un conferenciante ocasional, tome nota de que si sus oyentes no se convierten en interlocutores, puede que esté de alguna manera defraudándoles (también defraudándose a sí mismo) y quizá también estafándoles.

Artículo coordinado por José Luis Zunni director de ecofin.es en colaboración con Salvador Molina presidente de ECOFIN, Javier Espina Hellín miembro de ECOFIN Business Schools Group, y Ximo Salas, miembro del ECOFIN Management & Leadership de ECOFIN.

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