El GNW (Gross National Well-Being) índice Gallup de bienestar: ¿prosperidad, lucha o sufrimiento?

Jim Clifton, presidente del Consejo y CEO de Gallup, advierte de que el (GNW) Gross National Well-Being (índice del bienestar) se da antes que el propio PIB en países y regiones. Porque el índice de bienestar es la antesala de un cambio de política o de una revolución. Y tener o no tener un trabajo, marca la diferencia en cuanto a la valoración que la gente hace de su nivel de bienestar.

 

Según Jim Clifton esto implica que todos los líderes mundiales, jefes de estado y alcaldes de ciudades, enfocan los problemas de la manera equivocada. Esto se debe, a que establecen sus políticas desde la perspectiva del PIB, en un intento por ver el futuro a corto plazo, pero en los hechos, están gestionando países y ciudades después de que las cosas ocurran y que la gente ya tenga una valoración del impacto que cada nueva política tiene en sus vidas. Es el caso de la subida de impuestos.

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Pero interpretemos a Clifton preguntándonos ¿por qué el PIB de un país o una región sigue al GNW? Es imprescindible que dichos líderes comprendan lo que los niveles de bienestar (nosotros incluimos el término “satisfacción de la población” también respecto a las políticas que toma el gobierno) tienen un impacto directo en los electores, y justamente para los políticos lo más importante es incrementar la base electoral.

 

¿Qué es lo que nos indica el índice de bienestar?

Si bien ante la pregunta a cualquier ciudadano de cómo le ha ido el día, o la semana, incluso cuál es su opinión sobre los últimos meses, aunque estas apreciaciones que se hagan son válidas, no tienen el mismo valor que si se miden en base a una metodología simple (concreta), pero que técnicamente sea la adecuada.

 

Así, Gallup llevó a cabo una macro encuesta en más de 150 países durante los últimos años. Después del tratamiento estadístico adecuado, se ha presentado de manera simple como “ladder of life” (escalera de la vida).

 

El método consiste en la autoevaluación que cada encuestado hace de su vida como si fuera una escalera, partiendo del escalón 0 y llegando al escalón 10.

También Gallup ha llegado a la conclusión que la mejor medida para conocer el nivel de bienestar de la gente se logra con las siguientes preguntas:

– Imagine una escalera numerada del 0 al 10, siendo el escalón más alto (10) el que representa las mejores posibilidades para Ud. y el más bajo (0) las peores. ¿En qué escalón de la escalera se ubicaría Ud., según cómo se siente en la actualidad?

– ¿Y en qué escalón cree Ud. que se encontrará en el futuro, digamos cinco años desde hoy?

 

En función de cómo los encuestados valoran su vida actual y la futura, los analistas de Gallup (científicos) las clasifican como “prosperidad”, “lucha” o “sufrimiento”.

 

Gallup ha encontrado que, en todo el mundo, es más probable que se ubiquen en la zona de prosperidad del estudio quienes tienen “buenos trabajos” y trabajan en una empresa durante al menos 30 horas por semana.

 

Los empleados que trabajan a tiempo parcial, así como los que están en el paro, tienen menos probabilidades de estar prosperando. Los autónomos van a la zaga y son los que menos se sienten con niveles de prosperidad.

 

Con toda rotundidad, los que tienen un estatus de trabajo en condiciones, marcan la diferencia en cuanto al sentimiento de cómo sienten que les trata la vida.

 

Pero a su vez Gallup ha encontrado que las respuestas en todo lo referente al bienestar están en un alto porcentaje correlacionadas con otros indicadores externos, si se toman por separado y de manera independiente.

 

Por ejemplo, Gallup sabe que las personas que viven en los países más ricos tienden a tener una sensación de bienestar mayor que los que viven en países pobres. A pesar de que el dinero no garantiza felicidad, qué duda cabe de que los que viven en los países más desarrollados incrementan sus posibilidades de tener una mejor vida, con más comodidades y expectativas futuras.

 

 

La salud y el bienestar

Angus Deaton, uno de los economistas más destacados del mundo, estudia la relación entre el bienestar y medidas de la salud, como la esperanza de vida y la prevalencia del VIH (SIDA), llegando a la conclusión de que la relación entre la salud y el bienestar se basa en la expectativa de salud y no en el real estado de salud.

 

Es un importante punto de vista, ya que las expectativas de una persona lo son todo, para que tenga un equilibrio emocional que le permita hacer un buen balance entre su vida familiar y laboral. Porque sabe que tiene un futuro y una seguridad también por las posibles enfermedades que pueda sufrir.

 

En este punto, no podemos dejar de señalar el tremendo malestar de la ciudadanía de Madrid, por poner un ejemplo, respecto al proceso de privatización de gran parte de los servicios de salud, especialmente los que han afectado los recortes en personal profesional médico y auxiliar, que ha provocado este mismo invierno, que los pacientes se agolpen en camillas en las urgencias, lo que en algunos casos ha provocado la muerte en personas con serias deficiencias respiratorias y que iban por una complicación que debía ser atendida en tiempo y forma.

 

Por eso es importante que se le preste atención al índice de bienestar para la fijación de las políticas y escuchar (de verdad) a los ciudadanos, para evitar casos como el reciente del barrio del Gamonal en la ciudad de Burgos.

 

Gallup también ha concluido que si la prosperidad decrece y el sufrimiento de la población aumenta en un país o determinada región, dicho país o región se convierten en más inestable.

 

Nos preguntamos: ¿qué tipo de inestabilidad? Obviamente la inestabilidad, sea política, social o  económica, conduce a un nivel de bienestar que compromete las expectativas de los ciudadanos, incluso los hace menos felices que otras regiones. Es el caso de Noruega, que a pesar del atentado de un demente que mató a 60 personas en una isla a las afueras de Oslo, sigue siendo considerado, junto con Canadá, el país más seguro del mundo. Y esto obviamente eleva el nivel de bienestar, expectativas y, consecuentemente, la felicidad.

 

Tener una medida del bienestar también es importante según Gallup, para que países y ciudades (en referencia a las de gran población) que tengan que verse obligados a hacer grandes recortes en el gasto público. Esto se da especialmente en aquellos países en que la reducción del número de funcionarios es importante, por lo que se tendrá que seguir muy de cerca cuál es el nivel de satisfacción con las políticas y recortes, teniendo en cuenta el porcentaje de gente que está sufriendo, ya que este es un indicador peligroso del nivel de disconformidad y contestación social que crece en la ciudadanía. Incluso, en casos muy severos puede llevar a conatos de violencia, si no a la desobediencia civil.

 

El problema es que los políticos con demasiada frecuencia dejan que dichos niveles de disconformidad lleguen a un punto en el que es casi imposible neutralizarlos por la vía ordenada, sosegada y pacífica. Esto, según Gallup (y lo compartimos plenamente), es la obsesión por mirar a través del espejo electoral de muy corto plazo, incluso mintiendo en los programas electorales o manipulando las cifras, como por ejemplo en la última encuesta EPA (Encuesta de Población Activa) en la cual se vende como un logro, cuando lo que augura es un corto y medio plazo muy duro aún para España.

 

 

El resultado del sufrimiento

De media, las investigaciones de Gallup revelan que cada año hay dos países que descienden al nivel en el cual se dan las condiciones para una revolución. Y una de éstas, que es necesaria y suficiente, es justamente el nivel de sufrimiento de la población.

 

La metodología que utiliza Gallup se fundamenta en la Cantril Self-Anchoring Striving Scale (escala del nivel de afirmación personal) creada por uno de los pioneros en la investigación sociométrica, el Dr. Hadley Cantril.

 

Si la gente valora la escala con 7 o más puntos, se considera que está en zona de prosperidad y que su expectativa de vida es de cinco años, si la puntuación es 8 o más. Todos los que bajen en la puntuación de 4, se considera que están sufriendo. El resto, los que están en medio de estos extremos, son los que están luchando.

 

Las desigualdades provocan un estado paranoico de desequilibrios emocionales, más allá de índices económicos (¿economicistas!). Los ciudadanos son más felices no sólo disfrutando de un trabajo digno, sino viendo cómo sus conciudadanos también lo tienen. Nadie puede sustraerse a ello. Hacerlo es desplazarse hasta los extremos, sea el de las clases adineradas, sea el de la extrema pobreza.

 

El problema es que nadie prácticamente quiere ser pobre, mientras que muchos quieren ser ricos y esa filosofía que tanto ha imperado en estas dos décadas en algunas regiones ha tenido como consecuencia una distribución desordenada de la riqueza, inequitativa, errática, endogámica, como la política que permitió que ello sucediera.

 

José Luis Zunni, Coordinador académico red e-Latam, Director Edición Online ECOFIN, Miembro de la Junta Directiva de Economistas Críticos y profesor de la Escuela Europea de Negocios.

 

 Eduardo Rebollada Casado, miembro de la Junta Directiva de Economistas Críticos

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