Reality perception (La percepción de la realidad)

Dos ladrones habituales en robar propiedades de lujo entran en una residencia rodeada de un gran jardín. Uno le dice al otro después de leer el cartel que advertía “Perro que ataca”, que no se preocupara, ya que siempre ponen la misma advertencia pero no pasa nada. Entonces se separan para ver por dónde entrar a la casa. El más temeroso vuelve corriendo hacia donde su compañero se encontraba después de toparse con una antena parabólica de suelo y le dice: “tú me decías que no me preocupara por el perro…pero si vieras en el plato que come”. Lo primero que percibió (su realidad) era que se trataba de un perro enorme, lo que hizo que ambos salieran corriendo de esa propiedad.

Esta historia de ficción la he utilizado decenas de veces en mis seminarios, a fin de que se comprenda de manera sencilla qué es la realidad y cómo la percibimos.

Para abundar más en la percepción que cada uno tiene sobre la realidad (entorno) que le rodea y lo que para esa persona significa, si reunimos a 20 hombres y mujeres frente a un cuadro impresionista, la forma en cómo se percibe serán tantas y diferentes como personas que forman parte del panel de estudio. Estas pruebas se vienen realizando desde hace años en universidades, especialmente en el campo de la psicología social, ya que interesa mucho observar la forma de conducirse de un grupo, independientemente de que también se quiera estudiar la conducta que se demuestra a nivel individual.

El objeto que tenemos delante (cuadro) tiene el mismo valor para todos, aunque lo que representa es diferente para cada uno que lo observa. Esta diferencia es sustancial cuando llevamos la cuestión al ámbito macrosocial, en el que las percepciones a su vez están condicionadas por una opinión generalizada que existe sobre determinada cuestión. Sea porque ver así este problema forma parte de la cultura de esa sociedad, o porque los medios de comunicación y las redes sociales en este mundo cada vez más virtual en el que vivimos, se han encargado de formar determinada opinión que no deja de ser bastante próxima a la realidad de lo que al ciudadano medio le preocupa.

¿Alguna vez se ha detenido a pensar por qué las personas, especialmente los dirigentes políticos que tienen grandes responsabilidades, fallan una y otra vez en las acciones que acometen? No es habitual pensar en ello, pero de vez en cuando viene bien reflexionar por qué fallamos en nuestros actos. Los políticos fallan por su soberbia en creer que la forma en que ellos ven la realidad (cómo la interpretan) es la manera en que tienen que interpretarla los ciudadanos. Error. La soberbia no les deja focalizar bien el objeto que están observando y consecuentemente hacen una interpretación equivocada. Pero lo más grave aún, es que están convencidos que su VISIÓN es correcta y que ellos son poseedores de la verdad.

Cuando no se tiene una clara explicación de lo que realmente sucede ahí fuera -nuestro entorno- tenemos un problema: porque éste no miente y es la realidad personificada. Otra cosa es que sepamos interpretarlo debidamente. Además, el entorno es en definitiva, el que condiciona nuestras acciones, decisiones como empresa, persona y como no podía de ser de otra manera, a los líderes políticos. ¿Deberíamos decir también como sociedad? Por supuesto que sí.

Cuando la duda y la confusión provienen de los líderes políticos, equivocando el rumbo que debe tomarse ante un determinado problema justamente por las inseguridades, falta de competencia y malos diagnósticos de cuál es la auténtica realidad, las consecuencias son siempre negativas para la ciudadanía, que tiene que soportar el peso de los errores de la gestión de un gobierno.

Por tanto, si se preocupasen más los dirigentes políticos por tener una percepción del entorno (lo que la ciudadanía percibe es el objeto que el gobierno tiene que interpretar) menos serían los fallos en las acciones que implementasen y a su vez disminuiría sustancialmente la probabilidad de tomar decisiones de política que tengan una fuerte contestación social. O sea, les facilitaría no sólo la gestión, sino que evitarían críticas que de haber percibido el clima social con un grado de aproximación más ajustada a la realidad, no se hubiesen producido.

Una de las principales virtudes de los grandes líderes es su ajustada percepción de la realidad tal cual es, no como ellos quisieran que fuera

 

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