La ‘Erin Brockovich’ de Julia Roberts vive en el espíritu de liderazgo de toda mujer

He disfrutado una vez más el pasado fin de semana de una de mis películas favoritas de los últimos veinte años: ‘Erin Brockovich’. El filme fue dirigido por Steven Soderbergh (2.000) e interpretada por Julia Roberts que le hizo ganadora de los Globos de Oro a mejor actriz, galardón que es considerado la antesala de los Oscar, que también ganó como mejor intérprete femenina.

Se basa en la historia real de una madre soltera que consigue un puesto de trabajo en un pequeño despacho de abogados, que a pesar de su falta de instrucción académica y formación jurídica, fue fundamental en la preparación de una demanda contra la empresa Pacific Gas and Electric Company (PG & E), de California en 1993.

Si bien su personalidad no es nada convencional y en ciertos momentos se muestra como una mujer arrolladora (en el buen sentido de la palabra), es porque necesita trabajar para mantener a sus hijos, lo que le lleva a esos arranques de carácter que finalmente convence al socio responsable del bufete, Ed Masry (interpretado magníficamente por Albert Finney), para entrar a formar parte de la plantilla.

Debido a su personalidad desbordante pero predispuesta a hacer cualquier trabajo que le pidan, al principio parece una empleada más, pero todo cambiará para ella y también para el bufete, cuando se empeña en investigar un caso de varios clientes en los que ve una extraña coincidencia de informes de indemnización inmobiliaria con solicitudes de atención médica de las mismas personas. Esto fue lo que le llevó a hacer una profunda revisión de documentación y llegar a la conclusión, que el agua potable estaba contaminada en esa pequeña localidad californiana con un compuesto cancerígeno llamado cromo hexavalente.

En la actualidad, es la presidenta de Brockovich Investigation & Consulting, una empresa de consultoría especializada en problemas medioambientales, médicos y otros tipos de lesiones y enfermedades.

Cuando en su web aparece una pestaña llamada ‘My story‘ (mi historia), sorprende la forma de dirigirse a los visitantes: “diga el nombre Erin Brockovich y usted piensa en, fuerte, dura, testaruda y sexy. Erin es todo eso y definitivamente mucho más. Ella es una moderna “David” que ama una buena pelea con los “Goliats” de hoy. Se nutre de ser la voz de los que no saben cómo gritar. Ella es una rebelde. Ella es una luchadora. Es una madre. Ella es una mujer. Ella es usted y yo”.

Realmente impresiona ese espíritu de liderazgo, no por su vocación de mujer líder en el sentido que le damos habitualmente de estar al frente de una organización o dirigir un determinado departamento. ¡No! Para Brockovich (la real y la interpretada por Julia Roberts) lo que está por encima de ella misma es la capacidad de llegar a ser la voz de los que están siendo afectados por una terrible enfermedad o cualquier otro tipo de daño personal, pero especialmente sobre la salud.

Su visión de la vida está impregnada por un irrefrenable sentido de justicia, que no cabe duda es una característica clara del liderazgo de la mujer, que en esta historia (como en la de muchas mujeres anónimas madres y solteras) se suma lo que Julia Roberts transmite de manera natural, porque supo ponerse bajo la piel de la original Brockovich, sacando a relucir su ecuanimidad, equidad, trato igualitario, empatía, fuerza espiritual y física que a esta tipología de mujeres con ese espíritu de lucha, todos estos atributos les afloran en los momentos que realmente se necesitan. Justamente, si comparamos estas cualidades descritas con las de los hombres, la evidencia empírica nos dice que las mujeres ganan y por diferencia.

La exhaustiva investigación de Erin descubrió que Pacific Gas & Electric había estado envenenando la pequeña ciudad de Hinkley a 195 kilómetros al sur de Los Ángeles. Después de un largo proceso de acuerdos extrajudiciales infructuosos, en 1996 como resultado de la demanda de acción directa más grande en su tipo, encabezada por Erin y Ed Masry, el gigante de servicios públicos se vio obligado a pagar la mayor indemnización por daños tóxicos en la historia de Estados Unidos: 333 millones de dólares a más de 600 residentes de Hinkley.

Han transcurrido veinte años y ella con su equipo han vuelto a esa ciudad, con la sospecha de que los vertidos de Pacific Gas & Electric siguen contaminando el subsuelo, porque se ha verificado que los niveles de toxicidad suponen el doble de lo que reconoce la compañía eléctrica, lo que llevará a seguir reuniéndose con vecinos, funcionarios y como ella misma ha manifestado, con varios miembros del Congreso de Estados Unidos. Su propósito, porque lo tiene, es no sólo el sueño americano que ella realmente lo ha vivido personalmente, sino que quiere que sea una América limpia libre de contaminantes.

Algunas perlas que nos deja la película (la fuerza de la Brockovich real), es que a medida que avanza el caso, la situación se hace más compleja y la presión por resolver positivamente la demanda hace que el abogado Ed Masry se vea obligado a asociarse con un experto en demandas colectivas, lo que lleva a que Erin sea reemplazada por otra auxiliar sin darse ningún tipo de explicación al respecto.

Entonces, el diálogo entre Julia Roberts y Albert Finney no tiene pérdida, ya que el director del bufete le recrimina a Brockovich que se ha involucrado demasiado en el trabajo y que lo ha hecho algo personal. Entonces ella le responde: “Es mi trabajo, es el tiempo de mis hijos, sí es personal”.

Finalmente su fe inquebrantable en la capacidad de ganar el caso le hace brillar nuevamente en las reuniones que van teniendo y se convierte en la clave para pedir las indemnizaciones para los afectados. Resulta ser un ex trabajador de la compañía que le hace llegar a Brockovich documentos que demuestran que la empresa tenía conocimiento del daño que ocasionaba, tanto a los vecinos como a sus empleados.

Su determinación subyace en el carácter. Su actitud para enfrentarse a un gigante y a los intereses económicos poderosos, se apoya en su sensibilidad por los más débiles y desprotegidos, que estaban en una situación de absoluta indefensión y sencillamente iban muriendo.

Esto nos hace reflexionar sobre cuántas otras situaciones en diferentes países del orbe, han sido similares en cuanto a contaminación ambiental y daños irreversibles para la salud. Pero que al no estar como en esta historia en territorio de un país en el que se supone existe un sistema judicial y la reparación del daño causado, sino en el tercer mundo, especialmente en los países subdesarrollados, se han producido situaciones irreversibles para la vida y salud de sus poblaciones. Basta señalar el caso de Bhopal, India, que se vio afectada por un mortífero gas letal de una factoría de pesticidas que causó la muerte de 30.000 personas y más de medio millón de afectados. Era el año 1984.

Brockovich representa el mejor espíritu que un líder puede tener, independientemente de su género, porque lo que hace grande a las sociedades son las personas sencillas que como nuestra protagonista de hoy, sigue siendo una luchadora por los derechos de los ciudadanos a vivir en un ambiente limpio y no contaminante.

(Artículo publicado en el Blog de José Luis Zunni en Media-Tics)

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