La educación, motor de desarrollo en Latinoamérica: el informe PISA y un continente heterogéneo

Trabajo realizado con el análisis y la colaboración de:

Javier Espina Hellín, exdirector de relaciones internacionales de ESIC y miembro de ECOFIN Business Schools Group.

José Luis Zunni, coordinador académico red e-Latam, Director Edición Online ECOFIN, Miembro de la Junta Directiva de Economistas Críticos y profesor de la Escuela Europea de Negocios.

Salvador Molina, presidente Foro ECOFIN, presidente de la Asociación de Profesionales de la Comunicación (ProCom), miembro de la Junta Directiva de Economistas Críticos.

Eduardo Rebollada Casado, miembro de la Junta Directiva de Economistas Críticos.

 

Hace pocos días se hicieron públicos los resultados del último informe trianual PISA (Programme for International Student Assessment), en donde se analizan a 65 países distintos de diferentes regiones en el mundo: 34 pertenecientes a la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico) y otros 31 países asociados que, en su conjunto, representan a más del 80% de la población mundial.

Los resultados dejan muy claro cuál es la región mundial donde se encuentran los mejores estudiantes. Se trata de Asia. En las diez primeras posiciones aparecen distintas regiones administrativas de China, primer país del informe. Las antiguas colonias europeas encabezan el ranking con Shangai en el primer puesto, Hong Kong en el tercero y Macao después. El segundo puesto es para Singapur, completando las primeras posiciones Corea del Sur y Japón.

Europa incorpora a esos diez primeros puestos Liechtenstein, Suiza y Holanda, manteniendo buenos resultados globales Bélgica, Austria y Finlandia, que baja unas posiciones respecto a la anterior edición.

El sistema educativo canadiense continúa con sus altas puntuaciones y en plazas intermedias encontramos al Reino Unido, Francia, Nueva Zelanda y Noruega.

La Pontificia Universidad Católica de Chile es una de las más prestigiosas de la región.

La Pontificia Universidad Católica de Chile es una de las más prestigiosas de la región.

España repite, por cuarta vez consecutiva tras las ediciones de los años 2000, 2003, 2006 y 2009, un resultado global que nos sitúa por debajo del promedio de los 34 países miembros de la OCDE en las tres áreas objeto de estudio: en matemáticas ocupamos el puesto 25º, en lectura el 23º y en ciencias 21º.

Pero, como territorio, ¿qué sucede con Latinoamérica?

Pues tenemos que buscar a sus representantes en la parte final del informe mencionado. Chile es el que mejor puntúa, colocándose en el puesto 51º, México en el 53º, Uruguay en el 55º, Argentina en el 59º y Perú cierra el estudio en el 65º.

Si el crecimiento de un país, incluso su PIB está relacionado con los niveles formativos de su población, y hay estudios que evidencian la correlación estadística entre ambas variables, ¿cómo una región con altos índices de crecimiento presenta estos resultados académicos?

La región latinoamericana crecerá este año 2013, en plena crisis mundial, algo más de un 4%, incluso presentando ya sus economías signos claros de moderación (menor crecimiento) con respecto a años pasados.

La demanda interna, el consumo privado, el dinamismo del mercado laboral, que está absorbiendo un gran número de trabajadores de alta cualificación profesional procedentes de otras zonas del mundo (Europa por ejemplo y España en particular) y una deuda media del 39% del PIB, muy por debajo del valor medio de los países de la OCDE (que la duplican con creces), están haciendo posible que la región tenga un protagonismo económico indudable en el panorama internacional.

Pero, ¿cómo se está preparando la región ante la más que probable contracción de la demanda externa (menor consumo de aquellos países en los que se está sintiendo dramáticamente la crisis) a medio y largo plazo? ¿Se cuestionará entonces el actual modelo de crecimiento, basado en la exportación de materias primas y productos elaborados de escaso valor añadido?

En todas las posibles recetas que los diferentes gobiernos busquen (y encuentren), para incorporar mayor valor añadido a sus productos y disminuir la dependencia exportadora de unas materias primas finitas, un ingrediente seguro en el que actuar con decisión debe ser la educación.

Aunque es cierto que se va estrechando la enorme brecha social que presenta la región en términos de pobreza y desigualdad, sin una apuesta clara y decidida por la educación, esto nunca será posible plenamente. Es necesario hacer un esfuerzo en todos los niveles educativos, tanto en los que evalúa el informe PISA, la educación primaria, como en los que no, como la educación universitaria y de postgrado.

Latinoamérica vive una paradójica realidad. Cuenta con universidades e instituciones de postgrado de referencia, y líderes en el mundo global que vivimos, con estándares elevadísimos y objetivamente acreditados por organismos supranacionales e independientes. Muchos de sus centros universitarios y de postgrado están en la élite mundial y se encuentran repartidos por todo el territorio latinoamericano, impartiendo sus disciplinas en inglés, español y portugués. Un buen número de ellos, han conseguido ser acreditados por alguno de lo que en el sector se conoce como la triple corona, es decir, estar respaldados por la AACSB, EFMD (EQUIS) o AMBA.

Y, sin entrar en detalles técnicos, los que tienen las tres acreditaciones forman un selecto club compuesto por algo más del 2% del total de instituciones en el mundo. En este club hay instituciones latinoamericanas.

Pero junto a esta realidad de excelencia también nos enfrentamos a las sombras de una enorme heterogeneidad en la oferta formativa, en la calidad educativa, en los planes formativos y en los estándares nacionales en cada uno de los países latinoamericanos y como región en su conjunto. No podemos hablar en términos de equidad o igualdad de oportunidades en el acceso a la educación porque muchos de los niños, en edad escolar, no pueden acudir a la escuela por razones económicas o sociales y, aquellos que sí tienen acceso sólo podrán completar los ciclos de educación más elemental. El grado universitario, el postgrado académico y el doctorado, para los profesionales de la educación superior, sólo lo alcanza una minoría.

Sin un sistema educativo que garantice la igualdad de oportunidades no es posible afrontar uno de los déficits crónicos de la región: el capital humano.

Esta es la clave de bóveda para superar tanto la baja productividad, identificada por distintos estudios como factor crítico de la competitividad, en la región como para afrontar la necesaria sustitución del existente modelo económico, concentrado en las materias primas, por la del I+D+I y el valor añadido.

Algunos datos del informe PISA que nos llevan a la reflexión

Los datos del informe PISA son contundentes y tozudos, y pueden y deben ayudar a definir una línea de actuación gubernamental.

En términos de inversión, destacar sólo dos aspectos: la destinada a infraestructuras educativas y las empleadas en investigación y desarrollo (I+D).

Respecto a las primeras, los países latinoamericanos, en promedio, emplean aproximadamente del 2% del PIB anual cuando tendrían que destinar más del doble, cerca del 5%, y de manera sostenida hasta el año 2020 para atender la demanda prevista.

En I+D, en comparación con los países de la OCDE, la región debería multiplicar por cuatro, el 0.6% del PIB actual, la partida presupuestaria dedicada a este concepto.

En cuanto a las variables analizadas en esta edición del 2012, alrededor de un 50% de los estudiantes latinoamericanos, frente al 20% de los pertenecientes a la OCDE, no son capaces de alcanzar un nivel mínimo de comprensión lectora. Aceptando esto, podemos entender lo sucedido en las otras dos variables mencionadas.

¿Qué hacer entonces?, ¿Cómo puede mejorar Latinoamérica en el próximo informe PISA trianual? ¿Es posible actuar en un periodo de tres años?

Quizá, habría que hacer mucho en muy poco tiempo. Primero esfuerzos nacionales y después armonizados dentro de la región, pero lo que seguro podemos hacer es aprender de los que lo hacen, contrastadamente, mejor. No es necesario partir de cero. No tenemos que inventar nada. Se pueden buscar aquellos elementos que han hecho que algunos países estén a la cabeza del informe y que se pueden contener en el siguiente decálogo:

  •  Aumentar la inversión en educación (progresivamente hasta niveles OCDE).
  • Dejar fuera del aula cualquier debate ideológico.
  • Creer en el mérito y la excelencia.
  • Formar con calidad a los que enseñen.
  • Incorporar planes y sistemas de medición de resultados para profesores y alumnos (“lo que no se mide no existe”). 
  • Prestigiar socialmente a los profesores y docentes.
  • Dotar de mayor autonomía, administrativa y curricular a los centros educativos.
  • Crear bachilleratos de altas capacidades (donde los más dotados puedan desarrollar sus capacidades evitando el fracaso escolar).
  • Incorporar la formación profesional dual, parte en el centro educativo, parte en la empresa en los últimos años de la escuela.
  • Implantar el bilingüismo (el inglés es la ‘lengua franca’ actual).

 

 

 

 

 

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