El tiempo del Líder ha llegado

No es país para cobardes, podríamos decir parafraseando al nuevo president Carles Puigdemont. El tiempo del líder ha llegado.

Hoy no apelamos a la doctrina del Management, ni nos quedaremos subsumidos en discusiones teóricas. Hoy hay que apelar al líder que llevan dentro muchos directivos de la Res Pública. Apelamos al líder y al hombre. Cataluña ha lanzado un órdago que supone un desafío que pone a prueba la altura moral de nuestros líderes políticos tanto de izquierdas como de derechas, de nuevos y viejos partidos, del Sur y del Norte de España.

Artur Mas nos deja, pero su legado pone en un brete a todos los grupos parlamentarios salidos de las urnas el 20 de diciembre. ¿Dónde empiezan y también en qué punto acaban las ambiciones personales para dejar paso al estadista? Fue Winston Churchill quién afirmó aquello de que “el político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”.

Parlament

La CUP presentó como una victoria haber dejado en la cuneta al ex president Artur Mas y otros ex consjeros de CiU.

Hasta este fin de semana pasado, la política y los políticos españoles estaban en otras cosas: investidura, pactos, empleo, medidas sociales, pensiones, corrupción y nuevo Gobierno. A partir del pasado 9 de enero de 2016 hay otro objetivo prioritario.

La reacción fue rápida en las sedes de las calle Ferraz y Génova, meditada desde La Moncloa, dolida por distintas razones en las sedes de Ciudadanos y en la de Podemos, beligerante desde la propia CUP… porque ya no es tiempo de razones, sino de acciones.

Javier Sardá, como comentarista de la Cuatro, expresó con el corazón roto que era una pena que unos y otros no hubieran asumido la ‘alternativa airbag’, que como él, proponían un diálogo; pero reconoció que ya sólo cabe un camino: la vía del Derecho, que es la peor de las que había, pero ahora es la única que queda.

Carles Puigdemont

El president Carles Puigdemont fue investido con 70 votos de la derecha CDC, la izquierda ERC y los antisistemas de la CUP,

Hasta que se constituya nuevo Gobierno o se tenga que llegar a nuevas elecciones, vamos a seguir asistiendo a uno de los más importantes ejercicios para analizar lo que en la doctrina del liderazgo se llama “características del líder”. Esto exige profundizar en el plano personal.

El egoísmo más acentuado aflora cuando cada una de estas figuras políticas cree que ellas son necesarias para la estabilidad y el progreso de España.

Estos tiempos exigen una personalidad de líder que asuma que los ciudadanos dieron un mensaje en las urnas el 20 de dicembre que puede parecer confuso respecto a la sopa de siglas, pero que es diáfano en su conjunto: se exigen pactos y coaliciones, diálogo y compromisos compartidos. Piden que los líderes hablen y establezcan programas eclécticos sumando lo fundamental para todos y apartando las banderías partidistas, los personalismos y las clientelas.

Claro de que hay que entenderse y gobernar bajo el modelo de pactos y acuerdos como se hace en la mayoría de los países de la UE. Las coaliciones de gobierno son posibles porque la evidencia empírica de la gobernabilidad europea así lo demuestra. Alemania y Portugal proponen dos modelos distintos de gobiernos de coalición; pero también Francia, Reino Unido o Grecia han tenido que pactar, ceder y comprometerse.

La cuestión es que el problema más grave al que se enfrentan no es al entendimiento de las partes que tienen que conformar el tablero de mando de un país, sino en cuán fuerte es el choque entre dichas amalgamas políticas con las fronteras personales que rigen las decisiones de algunos políticos profesionales que no quieren renunciar y dar ese paso a un costado que tanto le ha costado a Artur Mas, pero que finalmente el miedo a nuevas elecciones forzó a todos a pedirle y a asumir que lo diera.

Mucho se ha hablado en los últimos meses de la corrupción en política; pero hay un mal previo que es la endogamia política que padecemos. Las familias, los barones, las clientelas, los clanes regionales… muchos de estos términos habitualmente utilizados ponen en evidencia el sustrato endogámico en el que conviven todos los partidos en su interior. Dentro de este caldo de cultivo surgen los miedos a las coaliciones y los miedos a perder protagonismo.

Los directivos y empresarios están pidiendo al Foro ECOFIN que exijan a los políticos algo que ellos han aprendido y llevan haciendo un par de décadas en sus organizaciones. Los directivos de la empresa privada han transformado su modelo de gestión. El liderazgo moderno y efectivo en las organizaciones privadas interpretaron cuál era el cambio que se estaba dando en los mercados y en la sociedad en general, razón por la cual tenían que evolucionar hacia un liderazgo más acorde con valores democráticos: el diálogo, la comunicación transparente y directa, las relaciones interpersonales, el trabajo de equipo, el compromiso de la organización con su personal y de éste con los objetivos y metas fijadas, etc.

Pablo Iglesias y Albert Rivera tienen razón cuando piden un nuevo modelo de liderazgo en la vida política española. Como siempre ocurre, son las organizaciones privadas las que van por delante y ofrecen nuevos modelos de liderar; pero antes o después este proceso imparable de modernización en la concepción del liderazgo tenía que llegar al ámbito público y a la política. Pero esta gestión del cambio de la Res Pública no está ocurriendo a una velocidad suficiente, lo que pone en riesgo el éxito de este cambio de liderago. Es tiempo de renovación de los líderes. No se trata de cambiar las caras; sino las voces, sus mensajes y su cercanía.

Cuando el presidente Kennedy afirmaba que “el éxito tiene numerosos padres y el fracaso queda siempre huérfano”, no hablaba de Mouriño; pero tampoco se imaginaba cómo podía ensamblarse este pensamiento con la precisión de un orfebre en el proceso posterior al 20D en España, en el cual ningún candidato se da por derrotado y cada uno de ellos cree que ha vencido. Lo tremendo de la situación española, amén de las consecuencias que pueda tener la demora en la formación de un gobierno, es la inestabilidad del panorama económico ante la amenaza cierta de que se malogren los pocos resultados positivos que se venían obteniendo en el año 2015.

Sabemos que tanto el crecimiento como la distribución de la riqueza tienen aún más de una asignatura pendiente. Los problemas sociales -a la cabeza el paro- siguen estando como principal drama para que el país entre en la senda de recuperación integral de su economía y de una mejora social significativa, especialmente en las capas sociales más desfavorecidas y vulnerables. Por tanto, cuando los líderes (candidatos) se plantan, nos preguntamos si están realmente atendiendo a estas necesidades urgentes que aconsejarían un gran pacto de estado. No es tiempo ya de pensar en repartos de sillones. Ningún líder hace autocrítica, menos aún sus respectivos partidos. No hay ninguna renovación en los cuadros de mando, cuando la noche del 20D mostró un dominó de derrotados que en cualquier otro país hubiera generado dimisiones por haber perdido una cantidad importante de escaños. La renuncia no es un deporte nacional, esto está comprobado una y otra vez.

La filosofía política y el liderazgo siempre han ido de la mano, al menos en una cuestión sustancial: la comunicación, que traducido al momento actual, se debe instrumentar mediante el diálogo para poder llegar a una negociación en la que cediendo cada parte un poco, se logra el bien común. Pero ceder no es un hábito en los políticos españoles.

¿Alguien puede pensar que el presidente en funciones Rajoy va a dar un paso al costado y facilitar un gran acuerdo de estado? ¿Alguien pude pensar que el líder de la oposición Pedro Sánchez puede renunciar en beneficio de un gran acuerdo y no enrocarse en su sillón de secretario general del PSOE? En ambos partidos hay dirigentes que así piensan, pero que no se atreven a plantearlo.

Y es aquí en dónde los líderes políticos españoles chocan con la doctrina del liderazgo más moderna del que deberían aprender y seguir. Esa que dice que la principal preocupación del líder efectivo es velar por el bienestar de todos y cada uno de los miembros de los respectivos equipos (departamentos) de la organización.

En el ámbito público, los miembros y equipos son los ciudadanos, a los cuales hasta hace unos años se les podía manipular con medias verdades. La situación ha cambiado. Vivimos en una sociedad global y tecnológica en la que en tiempo real se nos presentan delante de cada ciudadano las cosas tal cual son. A veces casi sin tiempo de ser digeridas. Por eso, el error personal de algunos líderes políticos es seguir creyendo que todo vale. Que ciertas afirmaciones de que esto o lo otro lo hacemos por España, también cuela. Pero no es así. La sociedad española ha dado un mandato que hay que cumplir.

Los políticos que quieren recuperar el prestigio de la alta política deberían llevar a cabo la encomienda que le ha dado la ciudadanía de manera clara y directa. Esto implica un gran pacto o una gran coalición de gobierno con los partidos que son constitucionalistas y defienden la integridad de España como nación. A los cuales también se les supone que defienden el cumplimiento de la ley y el castigo proporcionado a los que la incumplen.

Henry David Thoreau (1817-1862), escritor, poeta y filósofo estadounidense, afirmaba que “más que amor, dinero, fe, fama, justicia…denme la verdad”. La verdad es la que demandan los ciudadanos. Quieren saber la verdad aunque duela.

El tiempo del líder del presente tiene por baza algunos principios, aplicables tanto en el ámbito público como en el privado, de los cuales en el aquí y ahora del puzzle político español, a modo enunciativo son:

1º) Los intereses del líder no están por encima del país ni de su partido. No puede anteponer el interés personal al bien común.

2º) Su capacidad de negociación tiene que nutrirse de las consecuencias generales que tengan sus decisiones en la ciudadanía, no sólo en sus votantes.

3º) Acostumbrarse a decidir en coalición, lo que implica acordar las grandes reformas que el estado requiere de manera estable: educación, sanidad, empleo, ley electoral, reforma constitucional del Senado y las Diputaciones, etc.

Estamos siendo testigos de un tiempo histórico. Pero no hay que confundir a la ciudadanía de que es una nueva TRANSICIÓN. En todo caso, es una evolución natural que la sociedad española está llevando a cabo después de 37 años de vigencia de la Constitución de 1978. Esta es la responsabilidad de los líderes políticos españoles en el presente.

Es el tiempo del líder que tiene que dejar paso al estadista, al que mira al horizonte 2020 y a la UE. La legislación en que haya grandes reformas.

Y finalizada esta etapa vendrán otras con nuevos retos. Los políticos españoles tienen que pensar en la arquitectura social y económica que requiere España para el horizonte 2020, que es el final de la nueva legislatura. Este es el gran desafío y responsabilidad de cada uno de ellos.

Desde Foro ECOFIN recogemos el sentir de miles de directivos, ejecutivos, emprendedores y empresarios que en los últimos meses nos han trasladado una reflexión común: que los nuevos líderes políticos estén a la altura de las circunstancias que la historia de España exige hoy, como hace 30 años exigió a los líderes de la Transición, para que nuevo líderes, nuevas formas pactistas de hacer política y nueva ética política impregne a nuestras instituciones públicas. El primer reto es la respuesta común a la pre-independencia de la que se habló en la investidura del president Carles Puigdemont. La segunda está en un pacto de gobierno o de investidura de cara a la gobernanza de España.

Sus señorías tienen la última palabra.

Parlament 10E

 

Salvador Molina, presidente del Foro ECOFIN, y José Luis Zunni, director digital de ECOFIN.

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