Zurriagazo al bipartidismo

Europarlamento1Dolor en la victoria. Los balcones apagados de la calle Génova y las palabras oídas en la calle Ferraz, son testimonio del pírrico éxito electoral de los dos grandes partidos: PP y PSOE. Los movimientos ciudadanos asomaron en las elecciones europeas con modestia, energía y convicción; tres cualidades perdidas hace años por los partidos mayoritarios.
¡5 millones de votantes perdidos! PP y PSOE han perdido el interés de 5 millones de españoles con derecho a voto. ¡Cómo duele España! Y, encima, ERC se ha convertido en el partido más votado de Catalunya, gracias a la campaña propagandística de CiU y al paso atrás del PSC. Mientras que el PSOE depende más que nunca de su cortijo andaluz, del que extrae 1 de cada 4 votos. ¡Esa lectura tendrá que tener su contrapartida en Ferraz!
Tras la muerte de Adolfo Suárez, el factótum de la transición, los partidos nacidos de sus cenizas están llamados a renovarse o morir. Tienen que volver a escuchar a la gente, utilizar las redes sociales, abajarse al lenguaje popular e inyectar democracia interna al seno de sus organizaciones.
Y no es enfermedad, sino epidemia. Toda Europa (salvo Alemania) ve la contestación a la crisis a través del auge de formaciones que hasta el momento no habían contado en el arco parlamentario nacional y no habían protagonizado la vida política. En Francia venció el Frente Nacional de Marine Le Pen, un hito histórico ya que su padre nunca pasó del tercer puesto que le bloqueaba el acceso a la última vuelta de las presidenciales francesas, siempre disputadas entre socialistas y conservadores. Si las europeas hubieran sido presidenciales, Francia sería ahora la ultraderecha.
El populismo antieuropeo de UKIP ha hecho caer los bolos del bipartidismo británico y hasta del tercero en la lista. ¡Un partido que se llama Partido de la Independencia del Reino Unido! (de la independencia de la Unión Europea, se entiende). Ni laboristas, ni conservadores, ni liberales. Los tres grandes partidos que llevaron el timón durante más de un siglo cayeron barridos por el suelo ante el mensaje antieuropeo de Nigel Farage.
Y podríamos seguir comentando lo de la izquierda radical Syriza y la extrema derecha del Amanecer Dorado en Grecia, y la victoria de los independentistas flamencos en Bélgica, y la derecha xenófoba que ganó en Dinamarca, y lo del humorista Beppe Grillo en Italia, y el ascenso permanente de la ultra derecha en Austria, y…
En resumen, no hay conciencia emocional de Europa. No hay una identidad nacional y no se trabaja en ello. Todos los esfuerzos están más volcados hacia una comunidad económica o mercado común, que en crear lazos de europeidad. Y eso hace que 6 de cada 10 europeos no voten en estas elecciones (43% de participación) y que los que votan lo hacen para protestar y no para participar, en su gran mayoría. ¡Qué se lo hagan mirar en Bruselas y en Moncloa!

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