Política de pajaritas y escaparate

Los griegos crearon la palabra ‘Política’ (con mayúsculas) y le dieron sentido en su relación con los derechos y deberes de los ciudadanos de las polis griegas. Luego los romanos regularon en su Ius Romanum como la Res Pública, la cosa pública, estaba por encima del derecho privado de sus ciudadanos. Y es que la política es, desde su etimología, la toma de una decisión común a un grupo de personas que es de uniforme aplicación a todos los miembros de ese colectivo, los ciudadanos. Pero las consecuencias de la aplicación siempre debe anticipar el bien común al bien legítimo pero individual de una persona, de un partido o de una casta.

Esta lección de primer curso de Política parece que la suspenden algunos de nuestros líderes del Congreso, más preocupados del escaño y de la alfombra roja que del bien común. Especialistas en convocar ruedas de prensa de tono presidencialista, que de alcanzar acuerdos de programa, de gobernabilidad y de estabilidad para el país.

Los partidos anticasta se fotografiaron en los Premios Goya con las élites sociales y económicas con pajarita y frac. Tanto el líder de Podemos como el de Ciudadanos, al que le quedaba un poco mejor el frac. A muchos españoles les pareció que sólo les faltó el sombrero de copa para ir vestidos del muñeco del Monopoly, aunque en los memes de Twiter alguno que otro se puso. Hemos recogido alguno de ellos en este artículo.

En cambio, los líderes de uno de los dos partidos de la casta aparecían con traje y sin corbata (Pedro Sánchez, delegado por el Rey a nombrar Gobierno) o con el traje y corbata de los días laborables (Patxi López, presidente del Congreso y número tres en el organigrama del Estado español). ¡Ni tanto, ni tan calvo!

¿Qué está pasando en España? ¿Hay Política (con mayúsculas) o políticos de pajarita y escaparate?

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Alfombra roja, escaño azul

En la búsqueda de acuerdos para la gobernabilidad (España, febrero 2016), el término política tiene un alcance aún mayor, que expresamente su etimología también nos viene a señalar: “la negociación con otros sujetos políticos”, lo que perfectamente refleja la realidad actual.

¿Cuál es el problema entonces? ¿De qué es lo que debemos preocuparnos? Simplemente de la capacidad de negociación de los políticos actuales, en los que a todas luces pareciere que la principal prioridad sigue subyaciendo en aspectos partidistas, ideológicos, y de personalismo.

Desde el enfoque histórico-filosófico, el personalismo pone el énfasis en la persona. Desde el punto de vista del liderazgo, cuando nos referimos a un líder personalista es porque se caracteriza por creer que sin él las cosas no se hubieran logrado, lo que le hace prescindir de que más allá de su persona existe una comunidad, institución, colectivo, etc. y que la única forma de que las cosas funcionen y salgan bien, es con la sumatoria de los esfuerzos (a veces sacrificios) de todos los que forman parte de ese pequeño o gran grupo humano.

Nadie es imprescindible, ni el líder llamado a dar un paso al lado para ceder su lugar a nuevos líderes de su partido. Recientemente vimos un ejemplo en el Gobierno de la Generalitat (más empujón que cesión, eso sí, o que se lo pregunten a la CUP).

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En cuanto a los ciudadanos del siglo XXI de países modernos y evolucionados como España, no cabe el personalismo ni ninguna patología de poder que tanto daño en el pasado reciente han hecho a Europa.

Pero esto no es pesimismo. No es falta de fe en la posibilidad de acuerdo entre los líderes políticos. ¡No! El tiempo transcurrido hasta ahora desde el 20D podría estar aún dentro de lo razonable. La cuestión es quién o quiénes van a hacer que se sobrepasen los límites temporales con el riesgo de comprometer la escasa senda de recuperación que se estaba logrando en 2015. Pero más aún: en caso de que lleguen a ponerse de acuerdo, en base a qué van a construirlo: ¿personalismo o interés de estado?, ¿intereses de partido o bienestar general? Pero tenemos la triste sensación de que Sánchez y Rajoy, su forma de ver y percibir la realidad, es que sin ellos no es posible ni acuerdo ni gobernabilidad. Mariano y Pedro se creen imprescindibles. No es egoísmo es percepción de la realidad.

En la doctrina del liderazgo si algo se premia en la gestión de los líderes efectivos, es su capacidad de percepción de la realidad tal cual es. No se engañan a sí mismos ni engañan a las personas (ciudadanos) que de ellos dependen. De más está decir que cuando Chruchill dijo en el Parlamento Británico en los momentos de los peores bombardeos del ejército alemán sobre Inglaterra: “No tengo más que ofrecerles sangre, sudor y lágrimas”, esta determinación y carácter del político más importante e influyente del siglo XX según el juicio de la historia es un espejo en dónde deben mirarse los políticos de la actualidad. El sacrificio y el interés general por encima de cualquier otra consideración. Y el pueblo británico respondió.

El momento histórico que vivimos exige de nuestros líderes un crecimiento personal interior que proyecte un escenario de confianza dentro y fuera de España. La crisis de liderazgo político no sólo es un problema de nuestro país, sino que es el denominador común en casi todos los países de nuestro entorno, especialmente en la Eurozona, aunque con honradas excepciones de hombres y mujeres que están a la altura del desafío actual. Cada vez que en la historia de nuestra civilización europea ha surgido un líder visionario, el final no sólo no fue feliz, sino que costó grandes sacrificios económicos, sociales y hasta militares.

El sistema de acuerdos parlamentarios en España está concebido para que el que gana las elecciones, aunque no cuente con mayoría absoluta, pueda gobernar mediante acuerdos con los segundos y terceros partidos, o incluso con algunos que son muy minoritarios pero que conforman el arco parlamentario. La situación actual si bien no se había dado nunca, en principio no debería ofrecer problemas; claro está, si no afloraran por doquier esos intereses personales y también de partido.

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En el mundo existen líderes que son mediocres y otros que han destacado por sus éxitos. ¿Cuál es la diferencia? La forma en que perciben y reaccionan frente al fracaso. Porque sólo hay una forma de ser perdedor como líder, que es el de fracasar y no ver más allá del fracaso. Pero para más INRI creerse como una verdad dogmática, que el fracaso real que ha acontecido no es un fracaso sino un éxito. Esto lleva necesariamente a una distorsión de la realidad que opera en la mente del líder que sigue creyendo que su presencia es vital para el bien común, llámese gobierno de progreso o como se llame.

La sociedad española es demasiado evolucionada e informada, como para comulgar con ruedas de molino. Porque en la política no vale todo y a cualquier precio, siendo precisamente esta distinción la que diferencia a los buenos líderes de los mediocres.

En la sociedad tecnológica y mediática actual, también se entiende por personalismo político aquel fenómeno en que las preferencias políticas o ideológicas de un líder se imponen a las de la propia organización de su partido, porque domina con su personalidad y la forma que comunica a los ciudadanos durante las campañas políticas. Expertos en este campo siempre han sostenido que los procesos electorales, están vinculadas de manera absoluta a una cara. Esto se puede apreciar en los carteles electorales. Pero no quiere significar que esa cara esté perenne más allá del bien y del mal, cuando por ejemplo nos encontramos como en la España actual que se encalla en la playa de una política personalista y nefasta.

El personalismo político es una forma reduccionista de entender la política. Pero lo más grave, es que pretenda desnaturalizar la verdadera importancia de las políticas públicas, centrándose únicamente en las características de una personalidad asumida del líder político que quiere gobernar, que lo convierte en un líder no auténtico. Y si algo caracteriza a los grandes líderes de todos los tiempos, políticos y empresariales, es haber sido auténticos.

Necesitamos urgentemente en España líderes políticos que dejen de lado un ejercicio de personalismo que compromete seriamente el actual bloqueo institucional cuyo resultado es una demora perjudicial para los intereses de todos los ciudadanos.

El 19 de noviembre de 1863, en plena Guerra de Secesión americana, Abraham Lincoln finalizó su famoso discurso de Gettysburg (Pennsylvania) defendiendo que “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no perezca nunca de la faz de la tierra”. Aún resuenan los ecos de sus palabras en las democracias actuales más desarrolladas. Deberían los políticos huir de los personalismos que comprometen la sentencia de Lincoln de que el pueblo es el fin primero y último de la democracia, por tanto, debe ser el eje de la política.

El Gobierno de España no se merece políticos disfrazados de Monopoly, sino verdaderos líderes con compromiso, ideales, altruismo, altura de miras y capacidad de diálogo. Como dice el argot parlamentario, dispuestos a ‘transaccionar’ casi todo, por el bien común de los españoles, de los ciudadanos.

José Luis Zunni Salvador Molina, desde Foro ECOFIN, y Oscar Barja Conde, destacado profesional y empresario de Los medios de comunicación y miembro de la Junta Directiva de Governance2014.
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