Galicia y País Vasco nos devuelven a la realidad

“Hasta que los filósofos se encarguen del gobierno o los que gobiernan se conviertan en filósofos, de modo que el gobierno y la filosofía estén unidos, no podrá ponerse fin a las miserias de los estados”. Y esto no lo dijo anoche ningún tertuliano de la Sexta ni de la Cuatro. Lo escribió un tal Platón, que no es ni Miguel ni Pablo, sino el discípulo de Sócrates y maestro de Aristóteles que pronunció esta sentencia tan de actualidad allá por el año 428 a.C. a 347 a.C. Esta contumacia en la posición de Platón respecto a la buena o mala gobernanza podría perfectamente aplicarse a lo que sucedió este domingo 25 de septiembre de 2016 en Galicia y País Vasco.

Los ciudadanos gallegos y vascos han apostado claramente por la estabilidad y las instituciones. Fue una especie de voto útil (más allá del argumentario partidista) sobre unos gestores que para sus conciudadanos lo han hecho bien y merecen un voto de confianza por cuatro años más. Sin zarandajas de votos de castigo, independentismos trasnochados en una aldea global y en la búsqueda activa de la sociedad bienestar, el empleo, la sanidad pública universal, la educación de calidad, las infraestructuras de calidad y el buen gobierno soñado por Platón.

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Alberto Núñez Feijoo e Iñigo Urkullu

Por supuesto que hay quien pide más gobierno, y si demuestra que lo hace bien, ¿por qué negárselo? Pero la narrativa común que venció las elecciones en ambas autonomías no fue de unos contra los otros; sino de gestión, estabilidad, moderación y acción.

Los ciudadanos valoran y premian en las urnas cuando un gobernante les ha conducido mediante una buena gestión, especialmente durante una larga crisis que ha sido la más dura de nuestra joven democracia. Pero es que además, gracias a esta buen hacer en la aplicación de sus políticas, pueden mirar al horizonte ya que la gestión eficaz ha provocado que se descomprimieran las tensiones sobre las familias, permitiéndoles ahora vislumbrar un futuro de estabilidad y crecimiento para sus hijos.

La otra cara de la moneda de la estabilidad es la seguridad. Y para que ambas caras se reflejen en la cotidianeidad de la vida ciudadana, los políticos eficaces como el presidente gallego y el lendakari vasco demuestran a las claras que han tenido siempre durante su mandato una clara percepción de la realidad. Y esta es una característica del liderazgo efectivo.

Nadie quiere experiencias que no saben a dónde llevan, ni palabras vacías. El tiempo del pragmatismo se instala nuevamente entre nosotros como ya ha ocurrido en ocasiones anteriores en Europa, porque cuando las cosas vienen mal dadas la ideología genera más endeudamiento. Por el contrario, son los líderes pragmáticos los que se alimentan sólo de qué cosas puede o no hacer dentro del presupuesto. Respetan sus programas. La gestión de Feijóo es un ejemplo de orden y disciplina presupuestaria que ganó la batalla del déficit al resto de comunidades.

Lo que ayer ha ocurrido en el panorama político español es una puerta entreabierta al cambio en las formas de concebir la política, más cuando estamos cansados de escuchar un día sí y otro también discursos sobre nuevos y viejos partidos, nuevas y viejas políticas, liderazgos renovados o caducos, viejas castas y nuevas oligarquías. Craso error. El efecto novedad se ha evaporado por la saturación del mensaje eternamente repetido un día sí y otro también sin que ello conlleve cambios reales, ni en los antiguos ni en los neonatos.

La ideología no va de la mano de la buena gestión, por el contario, casi siempre incrementa los errores en las políticas adoptadas justamente por aferrarse a ciertas teorías y posiciones ideológicas que no pueden sustentar en la práctica la solución de los problemas que requiere la ciudadanía. Esto es lo que Feijóo y Urkullu han demostrado poder hacer, además de bien, con un sentido de humildad y espíritu pragmático.

José Luis Zunni, director de Ecofin.es

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