Exit universal

El ‘exit’ del Reino Unido puede ser el principio del fin. Una confirmación de que es posible revertir la tendencia universalista generada a partir de la Gran Guerra. Francia vetó la entrada del Reino Unido en el Mercado Común en varias ocasiones. Esa era la presión: hacia la inclusión en organizaciones supranacionales. Ahora, la involución es obvia.

Perder el Norte

Cuando las noticias son las urnas y los protagonistas son los candidatos, ¿quién maneja mi barca?, ¿quién conduce la nave?, ¿hacia dónde se ha puesto rumbo? ¡Hemos perdido el Norte!

Esa situación de reseteo mundial es lo que estamos sufriendo en España y fuera de España, en Europa y fuera de Europa. Todo es cuestionable, no existen fidelidades eternas.

Son situaciones ya vividas. En 1977, a los holandeses les costó más de medio año formar su gobierno (240 días); pero es que en 2011 y 2012, sus vecinos belgas tardaron 541 días (¡casi dos años sin gobierno!) batiendo el récord mundial que en su momento tuvo Iraq. Y hablamos de países de la vieja Europa: rica, sensata, multicultural, cívica y culta.

Hoy las urnas son noticia mundial por el Brexit. Mañana lo serán por España. Quizá pasado mañana lo sean en un previsible referéndum secesionista en Escocia o Cataluña, o urnas anti europeistas en Francia o en Austria, que ya han pedido repetir experiencia.

Los 17,4 millones de británicos antieuropeistas (ingleses, fundamentalmente) han dado la sorpresa con su voto soberanista, pese a la opinión de escoceses, irlandeses o llanitos (Gibraltar).

Los mercados financieros se desploman. Caen las paridades de la libra frente a las monedas de referencia, mientras la renta fija y la variable descuenta pérdidas previsibles para las mercantiles instaladas en la City, sean británicas o europeas.

La esquizofrenia glocal

¡Qué fue de los matrimonios para toda la vida! ¡Qué fue del ‘cosmopolitan’ (ciudadano del mundo) como habitante de un mundo futuro universal, global, mestizo y multicultural!

Los púlpitos mediáticos generan discursos grandilocuentes universales, pero en el hogar se discursa en local: mi empleo, mis vecinos, mi sueldo, mis ahorros, mi patrimonio, mi sanidad, mi educación, mis seguridades, mi lengua, mi historia, mi hogar, mi bandera, mi barrio, mi familia, mi me mi…

La universalidad cultural está aún en sus albores. Es verdad que todas las calles comerciales del mundo ofertan las mismas marcas, casi las mismas prendas de vestir y los alimentos que comer… pero más allá de la economía de la oferta, el sentimiento no ha sido transformado, pese a la globalización de las campañas solidarias y de objetivos del milenio.

El mundo habla un idioma universal, pero se resiste a perder su acento local.

Involución programada

Un reino de taifas agrieta las organizaciones supranacionales diseñadas a partir de las dos guerras mundiales.

¿Es una involución?

¿Es una obsolescencia programa del modelo universalista?

El sueño humanista global puede estar tocando techo y ya solo queda decaer hacia el abismo.

Sigamos atentos a las réplicas del terremoto Brexit.

La siguiente, ¡el 26J!

Salvador Molina, presidente del Foro ECOFIN y de ProCom.

 

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