¡Corralito en la Web!

Por: J.L. Zunni y Salvador Molina

¡Llegó el corralito a la web! Mt. Gox, la principal plataforma de intercambio de bitcoins, anunció el pasado jueves 20 la suspensión de todas las retiradas en efectivo en dólares durante dos semanas. ¿No hay liquidez? ¿Es posible una quiebra de esos temidos competidores de los que habla Francisco González (FG) una y otra vez?

Las monedas que usamos en las transacciones diarias on y off line son activos fiduciarios, pero es también dinero real. Así pues, las monedas virtuales no son fichas del monopoly. Hablamos de un problema real y serio.

Las monedas electrónicas han generado un mundo real de intercambio y un sistema de pagos paralelo de enorme importancia. La condición principal de una moneda de éxito es que sean demandadas por el público y los comercios, que puedan servir como medio de pago y que eventualmente, puedan ser convertidas en monedas fiduciarias. Y varias de estas divisas on line lo han conseguido.

El bitcoin es el mejor ejemplo de moneda virtual, aunque hay otras como el Minchip (Royal Canadian Chip) que se usará en teléfonos móviles, tablets, etc.; así como el Facebook Credits orientada a juegos que corren bajo su plataforma. Más comunes son las fichas de apuestas de un casino, las millas acumuladas por compras con tarjeta de crédito, que funcionan como crédito virtual, etc.

Las alarmas saltaron la pasada semana cuando la plataforma de intercambio de bitcoins Mt. Gox -que realiza más del 80% del intercambio entre bitcoins y otras divisas-, ha sufrido un incremento de los volúmenes de depósitos de bitcoins y retirada de efectivo en dólares, lo que le ha generado dificultades para procesar transacciones que le han ocasionado retrasos en la ejecución de las órdenes (había más órdenes de venta que de compra), por lo que comunicó “la suspensión temporal de las retiradas de efectivo” para desarrollar un nuevo sistema informático. Nueva.imagen.bitcoin

La razón del colapso hay que buscarlas en el propio sistema, poco regulado aún en el mundo. Algunas personas, empresas y fondos de inversión no entendieron bien para lo que fue diseñado bitcoin, como moneda de intercambio y no de reserva, y empezaron a acumular bitcoins. Este hecho produjo una revalorización sin precedentes en un corto espacio de tiempo, pasando su cotización de 6,59 dólares en julio del 2012 a un máximo en abril del 2013 de 237,57 dólares, estando actualmente sobre los 106,36 dólares.

Los expertos dicen que esta volatilidad tenderá a descender conforme avance su utilización hasta que se convierta en una moneda muy estable.

Lo cierto es que la volatilidad actual y el número fijo de bitcoins que se emitirán hará que en su proceso de conversión respecto otras monedas, el valor de un producto o servicio en bitcoins tienda a disminuir, haciendo que lo que antes valía 1 bitcoin pueda llegar a valer por ej. 0,005 bitcoin. ¿Estamos preparados para esto? ¿Podemos fijar los precios de bienes y servicios en bitcoins y olvidarnos de su valor de conversión?

¿Qué pasará tras este precedente de primer corralito de moneda virtual del planeta? En las monedas virtuales como el bitcoin no hay respaldo de ningún organismo sobre su valor y es sólo el mercado de oferta y demanda y su convertibilidad quienes fijan dicho valor. Cuando, como ocurre actualmente, muchos deciden poner a la venta sus bitcoins y no hay otros dispuestos a adquirirlos a los precios de conversión propuestos, el mercado se rompe, y esta es la situación actual.

La expansión de los bitcoins son seguidos atentamente por autoridades estadounidenses, al igual que el resto de divisas virtuales, ante el temor de que estén siendo utilizadas para el blanqueo de capitales, algo que ya destacó un informe del FBI hace unos meses.

El creador de esta nueva divisa supranacional utilizó como seudónimo el nombre de Satoshi Nakamoto; pero no se sabe quién se esconde detrás de esta denominación. Concibió los bitcoins en el año 2009 como moneda electrónica descentralizada.

Pero, ¿quién se fía? ¿quién usa los bitcoins? Existen plugins para la mayor parte de las plataformas de comercio electrónico como World Press, Drupal, Zen Cart, Presta shop, Magento y otros. Varias empresas y pequeños negocios aceptan bitcoins como medio de pago, para servicios de todo tipo, como telefonía, hosting de internet, tarjetas de regalo, asesoría legal, turismo, etc.

Su ámbito internacional y el hecho que los usuarios pueden comerciar con un cierto anonimato, ha hecho posible que se abra paso en sectores cada vez más regulados, como apuestas online y partidas de póker. Para realizar o recibir pagos, sólo son necesarios una clave pública (para recibir pagos) y una clave privada (para realizar pagos), sencillo y simple, no siendo necesaria la intervención de ningún intermediario financiero en el proceso. Es lo más parecido al pago en papel moneda, con sus inconvenientes, una vez generada la orden de pago ya no tiene retroceso.

¿Habrá que preocuparse por este primer corralito de divisa virtual del mundo? No, pero será materia de estudio en las Universidades y Escuelas de Negocios. Es un síntoma de que en realidad se están perdiendo las correlaciones entre los activos reales y las divisas que se usan para los intercambios comerciales de bienes y servicios.

Nuestro mecanismo mental está adaptado a pensar en transacciones utilizando nuestra moneda habitual y por tal motivo rechaza cualquier concepto extraño, como el que genera la aparición de dinero virtual; pareciera que las divisas de uso corriente son monedas fiduciarias de mayor jerarquía que las virtuales, y quizás, algún día nos enteremos que no es así.

En la actualidad el volumen de mercado de bitcoins a nivel mundial, se estima en unos 1.000 millones de dólares -aproximadamente el PIB de las Islas Seycheles-, así que no debemos preocuparnos en absoluto.

Pero qué pasaría si su utilización empieza a generalizarse; llegaría un momento que mucha gente apelaría a ese sustituto del dinero de curso legal, y efectuaría sus compras con dicha moneda virtual. Cuando el uso de los bitcoins se extienda y su volumen de mercado se multiplique por 50, para ponernos una meta alcanzable a mediano plazo, ya estaríamos hablando del equivalente al PIB de Eslovenia o Uruguay y entonces los estados se verán obligados a tomar decisiones importantes en materia macroeconómica, porque estarían perdiendo en cada transacción, la alícuota impositiva.

Las transacciones son anónimas, los bitcoins viajan de un ordenador a otro sin que haya intermediarios y tampoco hay impuestos.

En la actualidad, el dinero no tiene contrapartida de valor como ocurría en la antigüedad, porque no es un activo que vale por su peso en metálico, ni es canjeable por determinada cantidad de minerales equivalentes. Más bien, es un pasivo que asume un banco central de un estado o sistema financiero que respalda su poder de compra en función de unos avales, que antes fueron depósitos en oro, luego en valores líquidos como divisas fuertes… y ahora nadie está seguro de en qué se basa la fe de un papel que dice aquelló de “se pagará al portador”; pero ¿y cuando lo dice una simple pantalla de ordenador?

 

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