El liderazgo efectivo en los acuerdos postelectorales

Allí donde no se alcanza el ‘Talento’, que al menos se aderece con ‘Talante’. Y es que el ‘talento’ parece escasear en los últimos tiempos en un liderazgo que no solemos tratar en ECOFIN, pero que hoy y ahora no podemos dejar de abordarlo con valentía y honestidad hacia nuestros lectores. Y a esos líderes de siempre y también a los nuevos líderes emergentes hay que pedirles talante y capacidad de liderazgo. ¿Saben ya de quiénes hablamos?

“La generosidad en la victoria después de la batalla, es la que hace grande a los generales” (Sun Tzu, “El arte de la guerra”). Y es que la efectividad en el liderazgo requiere por sobre todas las cosas de humildad, especialmente en el ámbito de la política, después de una victoria.

Los pactos postelectorales del 24M pondrán en valor la capacidad de liderazgo efectivo que tengan los diferentes líderes políticos, ya sean los viejos o los emergentes. Desde esta tribuna no hacemos análisis político de los resultados electorales, sino que auscultamos desde la óptica del liderazgo de las organizaciones.

En estos días de gran cantidad de información y filtraciones, declaraciones e imputaciones, reuniones y análisis político… creemos de utilidad establecer un paralelismo entre todas las doctrinas empresariales sobre liderazgo y aplicarlas a estos momentos de cambio político, de nuevos y viejos liderazgos sociales.  Hay que ver en qué medida estos líderes se mantienen en una posición más fuerte o más débil respecto a lo que formalmente puede considerarse como liderazgo efectivo.

pacto zunni

Uno de los factores más importantes a tener en cuenta para ejercer con solvencia este tipo de liderazgo es el diseño de cuál va a ser el escenario en el que una organización tendrá que actuar tanto a corto como a medio plazo.

En el caso de los partidos políticos, los vamos a considerar como empresas que tienen que competir en el mercado, por lo que deben pensar con cuáles de sus competidores políticos deben llegar a acuerdos mercantiles para poder formar un gobierno o cartel comercial.

La cuestión es igual que en una fusión o acuerdo estratégico entre dos empresas para, por ejemplo, explotar determinada actividad en una región en la que una de las empresas domina el mercado y la otra los productos y/o servicios que se ofrecen. Lo que ambas empresas buscan es el beneficio no para un solo ejercicio, sino un desarrollo y crecimiento sostenible que a su vez abra puertas para acuerdos futuros.

En el terreno de la política, con frecuencia, por no decir siempre, en este punto de la sintonía entre las partes -quizás mejor decir ‘buena química’- es mucho más complejo que en las empresas privadas. La razón de ello es que los resultados no se ajustan a un plan de marketing perfectamente programado como en la actividad privada, además de que el principal producto/servicio está representado por personas que tienen determinado tirón electoral y responden también a ideologías diferentes, amén de los programas de cada uno de sus respectivos partidos que representan.

Por tanto, buscar la cohesión en las filas de los políticos que llegan a acuerdos de investidura es muchísimo más complicado que en los acuerdos estratégicos de empresas, ya que serán innumerables las variables que entrarán en juego, una vez se inicie la toma de posesión y se empiece a gobernar en comunidades autónomas y ayuntamientos.

Con seguridad habrá que entrar en una segunda fase que deje atrás la aritmética de investidura y se pase a la de los acuerdos de gobierno. Porque cada partido y cada político, entiende y defiende su programa y sus ideas. Cohesionarlas no es sencillo, además de los egoísmos personales propios de nuestra naturaleza humana, en el que cada persona que abraza la política quiere sentir que tiene el poder de decidir, por lo que demostrará tener capacidad de liderar con efectividad, si deja de lado las apetencias personales y se dedica únicamente a que sea la gobernabilidad en circunstancias normales las que condicionen todos y cada uno de sus actos.

¿Es posible encontrar esto en la política española actual? Es complicado, cuando los políticos que pertenecen a la vieja guardia se aferran como sea al poder, mientras que los emergentes quieren tener el protagonismo que ha sido respaldado en las urnas.

Hay un elemento que ha entrado en juego en las últimas horas, que si bien ya estaba formando parte de todo el escenario preelectoral, se agudiza en cuanto a las posibles líneas rojas que los partidos emergentes deben o no cruzar, en referencia clara a casos de corrupción que están afectando a muchas personas de los partidos convencionales y que puede complicar la búsqueda de acuerdos de gobernabilidad. Este es el caso de la Comunidad de Madrid, en el que la candidata Cristina Cifuentes del Partido Popular ha sido vencedora en las elecciones con un nuevo discurso dentro de su partido. Pero no tiene mayoría suficiente y su capacidad de pacto se ve enturbiada por el afloramiento permanente de imputaciones a compañeros de partido con altas responsabilidades en el gobierno actual de la Comunidad de Madrid.

Obviamente, si cuenta con el apoyo de Ciudadanos podrá hacerlo. Pero el líder de este partido, Albert Rivera, ha puesto muy alto el listón para dar la llave de la gobernabilidad, que va más allá de la corrupción, tendiendo en cuenta ciertas cuestiones básicas como comisiones de investigación, puntos programáticos, etc.

Rivera podrá demostrar si en realidad es un líder con futuro y desde la doctrina del liderazgo, pueda ser considerado efectivo. Porque si da la gobernabilidad a Cifuentes y desde la oposición hace un control preciso y oportuno de la gestión, estaría tendiendo un puente para un gobierno estable en la principal comunidad de España, lo que abriría dos posibilidades: para la propia comunidad, asegurar una serie de cambios y ajustes sobre políticas anteriores, como en el caso de la sanidad, en la que prevalezca una política de defender lo público, Cifuentes se ha comprometido a no privatizar ni una sola actividad más en este campo, y de debatir nuevas políticas que la comunidad necesite, por ejemplo, en materia educativa, de dependencia, etc. En cuanto al líder Rivera, le pondría en posición privilegiada para la futura gobernabilidad nacional, porque se quiera o no, su partido estaría posibilitando y formando parte de la gobernabilidad estable de Madrid, que puede considerarse la antesala de la gran política nacional.

Preguntarse si las líneas rojas en cuanto a corrupción que puede o no cruzar Ciudadanos afectaría el acuerdo en Madrid, dependerá de la visión que un buen líder político como Rivera tenga de todo el escenario, tanto el actual como el futuro, en el que le va a tocar actuar.

Creemos que lo que prevalece en el caso de la Comunidad de Madrid es que los diferentes políticos que intervengan en la discusión de los acuerdos de gobernabilidad futura se preocupen más por el escenario de los próximos cuatro años y de la ciudadanía, que del escenario actual en el que unos nombres manchan al principal partido de este país, pero que están ya en el ámbito judicial, predeterminando un escenario nefasto que no necesariamente responde a la realidad de una candidata como Cifuentes, que no está para nada señalada.

Hemos sostenido en innumerables ocasiones que otra de las características del líder efectivo es la de que cuando analiza el entorno, la percepción que tiene de éste finalmente se ajusta a lo que después en realidad sucede. O sea, que la brecha entre lo que percibe del entorno y lo que en realidad éste evidencia en el futuro, es mínima. Así lo han demostrado en el ejercicio de un buen liderazgo, personalidades de la talla de Churchill en la política, o Branson y Gates en la esfera privada.

Por tanto, lo que sí va a suceder después de los acuerdos que hagan los partidos para la gobernabilidad de España, es que será difícil encontrar más de una personalidad política que haya previsto en sus acuerdos todo lo que finalmente vaya a ocurrir a pocos meses vista. De esta capacidad de los líderes emergentes, incluyendo a Pedro Sánchez como secretario general del PSOE, veremos en los próximos dos años quién podrá llevarse el título de líder efectivo por haber contribuido a la estabilidad y gobernabilidad de España, independientemente de sus deseos personales.

Los grandes líderes políticos de la historia, nunca anteponían los fines del país a los personales. Esa es la grandeza del liderazgo efectivo que piensa antes en las personas en cualquier organización; en los ciudadanos antes que en las instituciones en el ámbito político. La grandeza de la política es poner la cosa pública al servicio de la ciudadanía, con una buena gestión y administración. Cuando la gestión no destaca más allá del mandato, es una más de tantas. Pero cuando lo que un político emprende es para más allá de la generación actual, es evidente que su gestión trasciende, el liderazgo se convierte en efectivo y la beneficiaria de todas sus acciones es la ciudadanía.

Artículo realizado por: Salvador Molina, presidente de ECOFIN, José Luis Zunni, director de ecofin.es, y Eduardo Rebollada Casado, miembro del blog de Management & Leadership de ECOFIN.

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